
“Entramos y no entramos en los mismos ríos; somos y no somos”.
Heráclito (544 – 484 a.e.c)
A Heráclito se le llama pre-socrático y es parte de esos filósofos “de antes” de los que sólo quedan fragmentos, como si fueran los trozos de cerámica que sobreviven de un mundo pre-histórico, tosco e inconexo. Para Heráclito el fundamento de todo está en el cambio incesante. Que todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. “Lo contrario se pone de acuerdo; y de lo diverso la más hermosa armonía, pues todas las cosas se originan en la discordia”. Y la causa que hay detrás de todo es el “logos”, una palabra difícil de traducir y en la que se combinan los sentidos de palabra, razón y pensamiento de una forma inconcreta, casi por aproximación. A veces se ha traducido como otra de esas palabras de sentido difícil: Dios. “La sabiduría es una sola: conocer la razón (logos), por la cual todas las cosas son dirigidas por todas”
