domingo, 9 de noviembre de 2008

Vitruvio: la construcción de lo inmaterial



“Siendo así que todas estas cosas no han podido ser descubiertas sino por hombres ilustres dotados de grandes luces, si sopesamos los resultados, nos vemos obligados naturalmente a conmovernos por cada una de sus invenciones”.
Vitruvio, “De Arquitectura”. Introducción al libro noveno.

Decir Vitruvio es decir arquitectura. Su tratado “'De Architectura” fue considerado como la Biblia de la arquitectura del mundo clásico grecolatino. Sin embargo de su propia obra como arquitecto sólo se conserva un conjunto de ruinas del siglo I en lo que hoy es una pequeña localidad del sur de Italia, Ordano, y que pudieran ser parte de la Basílica de Fanum Fortunae que describe en el libro quinto del tratado. No existen imágenes de Vitruvio y la mayoría de la información sobre él proviene del tratado mismo. Se sabe así que vivió en el siglo I, que sirvió en el ejército como ingeniero militar bajo las órdenes de Julio César (- 100 a – 44) y que estaba vivo en la época de su sucesor, Augusto (-27 a 14), a quien le dedica el tratado y a quien agradece una pensión que le permite vivir sin aprietos económicos en su vejez. Los ingenieros y los arquitectos eran una pieza clave en la potente maquinaria de guerra romana. La construcción de puentes en las Galias (tarea en la que pudo participar Vitruvio) es una de las claves de las victorias de Julio César. Y la considerada fortaleza inexpugnable de Masada, en Judea, fue tomada por las tropas de la Legio X Fretensis en el año 73 tras construir con piedra y arena una rampa de 150 metros de altura y 196 metros de base por la que hacer subir una torre de asedio de madera reforzada con metal de 30 metros de altura. La construcción de estas máquinas de guerra también era responsabilidad de los arquitectos militares, y en la última parte de su tratado Vitruvio hace una descripción detallada de la construcción y uso de catapultas, escorpiones y ballestas con los que lanzar piedras de casi doscientos kilos.

martes, 4 de noviembre de 2008

Norman Mailer: los modos del vencido.



“¿Por qué te has metido en esto”
Porque me divierte.
¿No estás tratando de ser un escritor de la forma equivocada?
No, no soy escritor. Mi deseo de serlo no es bastante profundo.
¡Por Dios, hay millones de personas que tienen ese deseo y no conozco a nadie que valga cinco centavos!
Y ¿qué es lo que lo vale?
Estar jodido y levantarse por las mañanas de todos modos.
Eso es”

“Los desnudos y los muertos” (1948)

Con 26 años, Norman Mailer (1923-2007) publicó su primera novela, “Los desnudos y los muertos” y pasó, directamente, a la lista de los grandes escritores. Aquella novela ambientada en la conquista de una isla en el Pacífico Sur durante la Segunda Mundial, sigue siendo considerada como LA novela de la Segunda Guerra Mundial como “Tempestades de Acero” (1920) de Ernst Jünger, lo es de la Primera. O “Imán” (1930) de Ramón J. Sender lo es de la Guerra de Marruecos. Como Jünger y Sender, Mailer fue testigo de los hechos que relata, a una edad parecida (20-25). Y publicaron esas tres primeras novelas en un lapso de tiempo similar con respecto al fin del conflicto en el que participaron. Dos años después del armisticio de 1918 en el caso de Jünger, tres después de 1945 en el caso de Mailer y Sender seis con respecto al final de la Guerra de Marruecos (1924). Los tres, eran soldados. Y de alguna manera lo siguieron siendo hasta el final de sus días, lo que cambió, fue la causa.

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